El éxito de Colombia: 20 años de biocombustibles como espejo para Guatemala 

Uno de los países que destaca en América Latina por el uso de biocombustibles es Colombia, debido a su experiencia que inició hace más de 20 años, cuando esa nación implementó políticas obligatorias de uso de la mezcla de etanol y biodiésel con los combustibles fósiles.  

Esta experiencia sirve como caso de estudio sólido para países como Guatemala, que está a pocos meses de implementar el Reglamento General de la Ley de Alcohol Carburante.  

En Colombia, la Ley 693 y la Ley 939 implementadas desde 2001 y 2004 obligan al uso de la mezcla de bioetanol con gasolina y biodiésel con diésel, lo que estableció un modelo regulado y de largo plazo que, según la experiencia, ha generado beneficios ambientales, sociales y económicos.  

Pero la política colombiana de biocombustibles no solo se ha traducido a combustibles más limpios, sino que también a cadenas productivas más completas. Puesto que la producción de bioetanol principalmente a partir de la caña de azúcar y biodiésel derivado del aceite de palma ha dinamizado los sectores agrícolas tradicionales.  

Según los expertos de aquel país, en 2023, las ventas nacionales de biodiésel alcanzaron un récord de 700 mil toneladas, mientras que la demanda del diésel mezclado creció más rápido que el PIB. Mientras que el sector de biocombustibles aportó aproximadamente el 2,8% al PIB manufacturero actual, según se lee en un artículo publicado por el medio de comunicación Vanguardia.  

En el escrito también destacan que esta cadena productiva sostiene miles de empleos directos e indirectos y que se impulsa el empleo formal en zonas rurales en donde más se necesita.  

Mejor calidad del aire 

Además del impacto económico, el uso de biocombustibles durante dos décadas ha ayudado en la reducción de emisiones y en la calidad del aire, según informes de la industria de ese país.  

De acuerdo con la Federación Nacional de Biocombustibles, la implementación de bioetanol y biodiésel ha contribuido a evitar la emisión de más de 34 millones de toneladas de CO₂ desde que se inició la política. También reduce toneladas de material particulado, este es un contaminante estrechamente ligado a problemas respiratorios en zonas urbanas. 

Por su parte, el Vanguardia destaca que en el 2023, el uso de biocombustibles ayudó a reducir aproximadamente 800 toneladas de material particulado y que eso se reflejó en un aire más limpio y con menor carga de enfermedades respiratorias que se asocian al tráfico urbano.  

Por ello, los expertos destacan que la transición hacia combustibles más limpios debe medirse en emisiones evitadas y no solo como adopciones legislativas. Sin olvidar que el uso de mezclas como E10 son compatibles con vehículos modernos que no necesitan modificaciones estructurales.  

Espejo para Guatemala  

La experiencia de Colombia ofrece lecciones claras para Guatemala, en especial en el contexto de la entrada en vigor de la Ley de Alcohol Carburante, que establece el estándar nacional de la mezcla de etanol con combustible conocida como E10.  

Una de las claves para el éxito en ese país, más allá de la regulación, es el compromiso sostenido con políticas claras, creación de incentivos y articulación entre industria, gobierno y productores.  

Los 20 años de biocombustibles en Colombia no son estadísticas teóricas, sino datos reales sobre la reducción de emisiones, creación de empleo y dinamismo económico. Es por lo que países como Guatemala, que están por iniciar la ruta a la movilidad más limpia pueden observar la experiencia colombiana que demuestra que un programa bien estructurado es viable, exitoso y con beneficios.  

¿Qué son los biocombustibles? 

Son los combustibles que se obtienen a partir de materia orgánica renovable, tales como la caña de azúcar, el maíz, aceites vegetales o los residuos agrícolas, en lugar de los derivados del petróleo.  

A diferencia de estos últimos, que tardan millones de años en formarse, los biocombustibles pueden regenerarse en ciclos relativamente cortos.